Reunidos en torno al Encuentro Internacional de Trabajo de Calle, realizado en la Ciudad de México del 26 al 30 de Noviembre del 2007 que tuvo como objetivo central articular conocimientos para la profesionalización del trabajo de calle, así como ofrecer un espacio multicultural de diálogo metodológico entre las y los educadores callejeros. Más de 120 educadoras y educadores callejeros de España, Portugal, Francia, Bélgica, Suecia, Noruega, Estonia, Vietnam, Québec, Estados Unidos, México, República Dominicana, Haití, Guatemala, Honduras, Colombia, Bolivia, Perú, Ecuador y Brasil expresamos nuestra palabra:
Considerando que:
La calle existe como espacio de sobre vivencia para millones de personas en el mundo, siendo esto resultado de la exclusión social y la negación de sus derechos humanos. Esta realidad esta presente en América, África, Asia y Europa, adquiriendo en cada región una expresión particular.
La globalización económica se acompaña también de la exclusión social. Observamos que se incrementa en las calles del mundo la presencia de niños, niñas, jóvenes, mujeres, hombres, familias y ancianos sin alternativas para una vida digna. A estos millones de hombres y mujeres que en el mundo usan el espacio público, la discriminación les niega su carácter de ciudadanos con igualdad de derechos.
Por muchos años, la aproximación al fenómeno callejero se ha mirado sólo como un tema de infancia callejera o de adultos indigentes. Sin embargo, en el trabajo de calle encontramos niños, niñas, jóvenes, mujeres, hombres, familias y ancianos callejeros quienes comparten una cultura callejera que les permite sobrevivir, es decir, consideramos pertinente reconocerles como ‘Poblaciones Callejeras'
La calle también es un espacio para el tiempo libre, lo que permite a diversos jóvenes y adultos frecuentarla; pero en ocasiones una prolongada permanencia en el espacio público representa el riesgo de llegar a una ruptura con sus redes sociales, por lo que la prevención es un recurso necesario.
Observamos que en la gran mayoría de estas intervenciones la voz y saber de las y los callejeros no está considerada. En respuesta a la super vivencia callejera, se han desarrollado acciones en todos los países, algunas a favor otras en contra de estas poblaciones. Es así que los programas frecuentemente tienen bajo impacto y fomentan una relación utilitaria de los servicios institucionales brindados.
Una tendencia extendida en el mundo fue el encierro e institucionalización de las y los habitantes de la calle, bajo el pretexto de ‘protegerles' de la perversidad del espacio público, condenándoles a una vida estigmatizada en su presente o pasado callejero; impidiendo, en la mayoría de países, que fortalezcan los vínculos afectivos en la familia, la recuperación de las redes sociales y la prevención del fenómeno callejero.
Aún cuando las organizaciones y programas encuentran en el trabajo de calle una herramienta de proximidad de gran importancia, para acceder a las poblaciones callejeras, los mecanismos de financiación públicos y civiles caen frecuentemente en la tentación de priorizan el número de personas atendidas por encima de los procesos educativos en las calles.
Frecuentemente las y los trabajadores de calle son invisibles y poco escuchados en el diseño, operación y evaluación de los programas. Además de vivir en la mayoría de los casos en la precariedad laboral y la falta de formación profesional para el desempeño de sus actividades educativas.
Por lo anterior declaramos:
El trabajo de calle es una herramienta metodológica que está adquiriendo carácter global, por su flexibilidad y proximidad a las poblaciones excluidas socialmente o en riesgo de serlo. Resulta una intervención más pro-activa y empática para facilitar la identificación de nuevos proyectos de vida y las capacidades con las que cuentan las personas acompañadas.
La globalización del fenómeno callejero está estrechamente vinculada a la globalización de la exclusión social, por lo que se hace urgente la profesionalización del trabajo de calle como una estrategia de incidencia en el fortalecimiento de capacidades de las y los trabajadores de calle de todo el mundo.
El trabajo de calle es una muy buena inversión para los Estados, pues permite aproximarse a un mayor número de población que no se vincula a las instituciones, y especialmente porque el acompañamiento educativo en espacio público articula fácilmente la colaboración de otros actores sociales como la comunidad, la escuela, la familia y las redes sociales en la prevención del fenómeno callejero.
Es necesario considerar como última opción el ingreso de las y los habitantes de calle a programas residenciales, ya que una prolongada permanencia dentro de las instituciones poco favorece el ejercicio de derechos ciudadanos, por lo que es necesario promover espacios abiertos de participación protagónica entre las poblaciones callejeras. Entiendo la participación como un proceso de ciudadanía y diálogo con la diversidad, a fin de lograr que en los procesos de inclusión social se parta de sus propias redes sociales y capacidades personales. Es decir, más trabajo de calle.
Es necesario reconocer a las y los trabajadores de calle como actores estratégicos para la renovación de programas e instituciones, así como en el diseño de políticas públicas; considerando su proximidad a las poblaciones callejeras y especialmente por los conocimientos adquiridos en su práctica desde el terreno.
En la medida que reconozcamos a las poblaciones callejeras como actores protagónicos con un saber propio y logremos un diálogo respetuoso con la cultura callejera mejorará de forma notable el impacto de nuestra intervención educativa.
Sólo será a través de la implementación de políticas públicas en cada uno de los países, como se logrará una real incidencia en el fenómeno callejero. Es necesario transitar de los programas asistencialistas y temporales a una mirada de largo plazo. Entendiendo las políticas públicas como acciones de Estado con un marco jurídico sustentado en los derechos humanos, infraestructura adecuada, articulación de actores sociales y recursos suficientes para su implementación transversal en los gobiernos y la sociedad.
¡Porque la calle existe, no podemos ignorarla!





